|
|
Creí enloquecer. No se podían abrir las ventanas, sin sentir que, el enorme edificio de enfrente, se nos venía encima. Era verano. No podía comprar aire acondicionado y el ventilador, sólo removía el calor interno. Pero además, desde el primer día, presentí que era observada. Me llamé paranoica. Después de todo, era eso lo que yo hacía.